Hay
cosas que se eligen y muchas otras que no. De entre las segundas, ninguno de
nosotros elegimos el momento ni el lugar en que llegamos al mundo. Se puede
incluso tener la sensación de que todos nacemos a destiempo. Así lo cree, en lo
que le atañe, Ángeles Mora. Y así lo cuenta en este poema:
A
DESTIEMPO
Nací
una nochevieja
del
frío de diciembre.
Nervios,
carreras en la casa,
vapor
de agua caliente,
prisas,
lágrimas, gritos,
susurros
y pañales.
Las
luces de aquel cuarto
se
fueron apagando con mi llanto
mientras
crecía
el
bullir de las gentes por las calles.
Calma
adentro y afuera algarabía,
recordaba
mi madre como un sueño.
En
aquel desajuste
-todo
un presagio-
he
vivido por siempre.
Fuera
del mundo yo,
aquella
habitación, aquellos brazos,
aquella
cuna.
Llegué
muy tarde al año que se iba
y el que venía me encontró dormida.
En ocasiones, los acontecimientos más
importantes ocurren en los momentos menos oportunos o, cuanto menos, más inesperados.
Nacer en plena nochevieja supone la mayor de las sorpresas. Supone un
desajuste, un giro inesperado en el guion previsto. Y, aunque no podamos elegir
el momento ni el lugar en que nacemos, estos dos condicionantes (tiempo y
espacio) van a determinar toda nuestra existencia. Ángeles Mora lo sabe, y por
ello considera este desajuste “todo un presagio”.
Hay una dicotomía esencial para todo
poeta, la dicotomía entre mundo interior y mundo exterior. Dos realidades que
confluyen en nuestro ser desde el primer aliento. Así, en este poema hay un
lógico revuelo inicial en el interior de la casa: nervios, carreras, lágrimas…
Mientras tanto, las calles permanecen tranquilas, calma que precede a la
tormenta. Posteriormente, mundo interior y mundo exterior intercambian sus
papeles: “calma adentro y algarabía afuera”. Ángeles Mora llegó al mundo para
llevarle la contraria, para vivir fuera de él. Ángeles Mora nació una nochevieja
del frío de diciembre, llegó tarde para unas cosas y pronto para otras (como
casi todos, me atrevería a decir). Ángeles Mora nació humana, demasiado humana.
Tal vez por eso sea consciente de su condición efímera y accidental. Y
probablemente lo seguiría siendo aunque no hubiera nacido en plena nochevieja.
Sin embargo, y sin desdecirme de lo
anterior, no me resisto a pensar que hay personas que siempre llegan cuando
tienen que llegar: justo a tiempo.

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