“Duele
el dolor, decías, pero si uno es valiente / las pequeñas espinas
son pequeñas”. Estos versos de Raquel Lanseros orientan, iluminan y
esclarecen. El segundo verso aquí transcrito da título al poemario
con el que ganó el Premio Jaén de Poesía 2013. No obstante, no debemos
olvidar jamás el verso que lo precede, pues establece una condición:
las pequeñas espinas son pequeñas si (y solo si) uno es valiente.
Porque el dolor siempre va a doler, pero disponemos de cierto margen
de maniobra para decidir cómo y cuánto permitiremos que nos afecte.
Raquel
transmite en esos versos y en muchos otros la importancia de nuestra
actitud hacia la vida. Por ese motivo, hay un poema en “Las
pequeñas espinas son pequeñas” con el que me identifico desde su
primera lectura. Me refiero a este poema:
PROPÓSITO DE ENMIENDA
A veces me visita -ciego ahínco-
el monstruo de los celos, la pereza,
la gula o el azote de la culpa.
De toda falta humana, yo me acuso.
Si alguna vez te hiere por ejemplo
mi torpeza, mi miedo o mi desidia,
perdóname, amor mío.
Que más preciada empresa no concibo
que deshojar mi vida mereciéndote.
Dado
que la perfección no existe, todos somos imperfectos. Cometemos
faltas sin quererlo, sean pecados capitales o simples torpezas. “De toda
falta humana, yo me acuso”. Hay que ser muy honesto y valiente para
reconocerlo, para pedir disculpas por adelantado, y para hacer una
declaración de amor y de intenciones que ponga por delante estos
defectos personales, irreparables y consustanciales a la propia
esencia humana.
Si uno es valiente, no solo las pequeñas espinas
causarán un dolor proporcional a sus reducidas dimensiones. Si uno
es valiente, seguro que esa empresa de deshojar la vida mereciendo a
la otra persona también causará un dolor pequeño, como las espinas
de Raquel. Y cuanto menor sea el margen que dejemos al dolor, mayor
será el espacio disponible para todo lo demás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario