Se elige
Diezmada,
desangrada,
cortada
en tantas partes
como
sueños,
quiero,
no
obstante,
ésta
y no otra manera
de
estar viva;
ésta y no otra manera de morir;
este
sobresalto
y
no más la habitual
duermevela.
Como
una sombra de uno mismo
o
como incenciado fósforo violento.
No
hay otra alternativa,
ni
más signo de identificación.
No
otra muerte.
No
mayor vida.
Ida Vitale
Hay quien piensa que la vida nos
sobreviene, que apenas tenemos margen de elección para vivir como nos gustaría.
Hay quien se deja arrastrar por la corriente aunque odie el agua, quien no nada aunque sepa nadar. Ida Vitale no
es de las personas que así piensan y actúan. Ida cree que, a pesar de todo, la manera en
que vivimos se puede elegir y, de hecho, “se elige” (título de este poema). Eso
no implica que las dificultades vayan a desaparecer. Ida es consciente de que
podemos acabar desangrados y malheridos si luchamos contra todo lo que nos
quiera obstaculizar. Y, a pesar de todo, Ida quiere vivir así. No desea el
camino fácil, el de la alfombra roja, el que está cubierto de rosas, el camino
despejado y sin aparente peligro. Porque ese no lleva a ninguna parte. Ese no
es más que un decorado que alguien nos preparó para tenernos entretenidos y
calladitos. Ida elige siempre el otro camino, el de las pasiones, ese que
aparece cubierto de zarzas y matorrales por los que hay que abrirse paso a
golpe de machete; ese que siempre está plagado de piedras que nos hacen
tropezar una y otra vez; ese, en definitiva, que nos mantiene vivos y en forma.
El único camino que merece la pena transitar.
Existe un camino fácil y cómodo: el de
la “duermevela”. Es el camino de las medias tintas, y ese no sirve en un mundo
de extremos como el actual. O estamos despiertos, o estamos dormidos. No hay
más opciones. Es preferible dormir cuando haya que dormir y tener los ojos bien
abiertos el resto del día. No ser, como dice Ida, una sombra de uno mismo sino
un fósforo ardiendo hasta no poder más. La llama que nunca se apaga mientras
está viva. Esa es la vida que quiere Ida Vitale, la de las pasiones, la vida
intensa. Y, aunque es la alternativa más dolorosa, también es la más
gratificante, la más real. Por eso, yo también prefiero ese camino. No el de la
vida; el de la sobrevida.
[…] dame, noche, verdad
para mí sola,
tiempo para mí sola,
sobrevida.
(últimos versos del poema “Sobrevida”,
de “Palabra dada”, 1953)

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